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Los Baños de Vilo

Los Baños de Vilo

Balneario rehabilitado. Data del siglo XVII aunque la estructura anterior a la restauración conrresponden al año 1823. Sus aguas brotan a la temperatura de 19º, en terrenos calizos, estando clasificadas como sulfatadas cálcicas-magnésicas. Esta agua se recomiendan para enfermedades cutáneas en general y especialmente para el herpetismo.

Ya los romanos curaron sus heridas en las aguas de BILO. La teoría de este origen latino del nombre de la fuente de aguas sulfurosas se la debemos al profesor Cavaría Vargas: PILUM-PILO-BILO.

BILO..- hoy Vilo- se encuentra en tierras de Periana, a tres kilómetros del pueblo, debajo del Puerto del Sol, junto al Cerrajón de los Baños, a 36º 57´de latitud norte y 4º 12´de longitud oeste, a 580 m de altitud. Alrededor de los baños se ha formado una aldea llamada Baños de Vilo. El balneario está en la confluencia de los arroyos Vilo y Zapata.

Leyenda

Cecilio García de la Leña. Conversaciones Históricas Malagueñas.

A quatro leguas de Velez Mága á su Norte, siete de nuestra Capital y a un quarto de legua de la Puebla de Periana estuvo en el tiempo de los Moros situado un Lugar llamado Bilo ya oy despoblado, el que estaba existente al tiempo de la ereccion de este Obispado, y se conquistó quando Velez Málaga en 1487. En el sitio de las Rozas, cercano al Puerto del Sol, en una de las entradas á las sierras de Zafarraya (voz arábiga, que significa campo de Pastores) está el nacimiento de estos baños sobre la punta de un ángulo de tierra que forma la junta de dos pequeños rios ó arroyos llamados de Zapata y de Guaro. Por las virtudes de sus aguas se llamó la Fuente Santa: por el sitio, de las Rozas del Puerto del Sol: Hediondas por su fetidez, y de Bilo por el despoblado de este nombre.

Esta fuente, de la que no se advertía mas que un cenagal hediondo, y nada frecuentado por su sitio áspero y desierto, era tan despreciable, que nadie hacia caso de élla, hasta que una casualidad comenzó á dar noticias de la prodigiosa virtud de sus aguas, como ha sucedido con otros muchos remedios, y aun lo mismo que las de Hardales.

Fue el caso: Un Pastor reparó que una cabra llena de ulceras se bañaba en este cenagal, y que prontamente se puso gorda y saludable. Lo mismo advirtió en otras muchas enfermas, que se revolcaban en dicho cenagal, y quedaban libre de sus dolencias. Divulgó el Pastor estas noticias, acreditadas tambien con otros animales sarnosos que él hizo meter en el cieno , y sanaron.

Publicadas estas noticas, comenzaron á acudir á este cenagal quantos se hallaban con varias dolencias, juzgandolo un Sánalo todo; y aun llegaron á beberla, y conocieron ser digestiva, aperitiva y á veces catartica.

Se habla de las inquietantes noticias que se tienen del temporal de viento y agua ocurrido en el año 1764. Hubo tal temporal que destrozó los baños, hasta tal punto “que han quedado sin uso alguno, confundidas sus aguas”. Los concejales de Vélez encargaron las obras de reconstrucción al Sr Arias, propietario del Cortijo el Batán.

En el año 1765 se encarga el primer análisis de las aguas. Tras dicho análisis, se tomó un interés especial en promocionar unos baños únicos con unas propiedades “que los elevan a ser particulares no sólo en España pero aun en la Europa”. Se cercó todo el recinto y se construyeron dos estanques con separación para hombre y mujeres.

Posteriormente se construyeron 6 habitaciones (chozas hechas con ramas ) para los enfermos.

No se conforman los regidores de Vélez-Málaga con esta obra, querían construir un balneario definitivo.

Como de costumbre la iniciativa privada es más rápida que la oficial y de inmediato surge el primer especulador y promotor turístico de la zona: Son Antonio de Arias y Anaya, propietario del Cortijo El Batán. Hicieron un pacto él y el Regidor de Vélez llegando a un acuerdo fruto del cuál el Sr Arias comenzó a recibir bañistas.

En 1761 Baños de Bilo deja de ser de Vélez para pasar a la propiedad de la Puebla de Periana.

El año 1828 es el de más actividad en los Baños . Los numerosos bañistas que acudían en la época estival a medicinarse echaban de menos una ermita donde poder desahogar sus sentimientos religiosos. Organizan una colecta, acompañada de actividades lúdicas que proporcionaran dinero. Así comprometieron a la Compañía Cómica de Vélez para que actuara gratis y destinara la recaudación a tan buen fin. También pidieron ayuda a los pueblos de la comarca y al alcalde de Periana. Algarrobo envió “un Misal y un Ara para el oratorio . El segundo Vélez, Frigiliana y posteriormente Torrox colaboraron con dinero.

Después de las obras de mejora realizadas y la finalización de la ermita, el siguiente paso fue la contratación de un médico, D. Mateo Juan de Gámez. Era el año 1829.

En el siglo XIX alcanzaron un gran prestigio a nivel nacional . Iba a tomar sus aguas el General Narváez, Duque de Valencia, que se hacia acompañar por una hija. Cuentan los lugareños una entrañable historia que ocurrió uno de aquellos veranos. Dicen que, después de cenar los jóvenes se reunían en la placeta del Molino de D. Rafael Zamora. Allí montaban su tertulia y organizaban los tradicionales bailes de la rueda o los de verdiales. Una de las noches bailaba ufano con una hija del general un lugareño. Estaba tan ensimismado el pobre que enganchó su albarca en la falda de la generalita y la consecuencia fue un descomunal siete. La chica , toda compungida, vuelve a casa y cuenta a su padre lo sucedido. Éste calla , y de pronto, toma una decisión: ordena a una pareja de la guardia civil que le traigan el osado bailarín.

Cuando los guardias se presentan en casa del Carteles, el pobre se descompone, ya se ve en juicio sumarísimo y pudriéndose en la cárcel de por vida y se encomienda a todos los santos, principalmente a San Isidro; le promete una cuartilla de trigo si sale con vida de ésta. El desgraciado temblando y balbuceando, le responde: “ Mi general, que estábamos bailando a la rueda y se me enganchó la albarca en la falda de la señorita; y sin querer le hice un roto”. Y “por qué no te pones zapatos para bailar?”. “Mi general, es que no tengo zapatos”. Narváez queda desarmado ante la ingenuidad de aquel asustado chaval; echa mano al bolsillo, saca unas monedas y dice: “Toma, vete al pueblo ahora mismo y que te hagan unos zapatos; mañana voy a organizar un baile aquí, en mi casa, y quiero verte bailar con mi hija, pero con zapatos”. Dicen que el Carteles empezó a correr y no paró hasta llegar a casa del zapatero de Periana, que estaba a unos tres kilómetros.

Esta historia se plasmó en letras de verdiales.

MEMORIA MÉDICA.-

El reglamento del funcionamiento de los establecimientos de baños de aguas minerales ordenaba que el médico director del balneario, al finalizar la temporada, redactara una memoria-informe sobre el mismo. Se conservan nueve de 1860-1896.Algunas datos de interés que extraemos de las mismas son:

Existía en el año 1860 sesenta casas de hospedería que podían albergar a unas 300 personas y una ermita en la puebla de Periana.
En el establecimiento había tinas y útiles necesarios para tomar los baños a la temperatura necesaria. Los pilones de los baños templados estaban situados dentro de cuartos , por encima del nivel de un depósito situado debajo de una de las galerías, recibiendo el agua de las albercas. Las albercas tenían orificios en la parte inferior que, formando boquillas de desagüe del sifón principal, los llenaba. El agua caliente se establecía mediante caldera.

De entre las rocas nace un manantial de agua mineral y surte a las dos grandes albercas circulares que antes hemos mencionado.

Había otros dos manantiales de agua medicinal aunque de composición química diferente:

  • Fuente Purgante. Uno a poca distancia 200 m del anterior y de agua mineral purgante, destinado a la bebida cuando había necesidad de purgar a los enfermos. Cloruro, carbonato cálcico y sulfato magnésico, su temperatura 20º.
  • Fuente La Almanzora, algo más distante y de agua mineral ferruginosa, de la que se hacía uso para combatir los desarreglo de la matriz, la clorosis, la anemia y otros males. Cloruros y sulfatos sódicos, magnésicos y cálcicos y carbonato férrico y cálcico.

El nombre de la Fuente de la Almanzora se atribuye a hechos gloriosos de esta agua verificados en la esposa de Almanzor, etc. Situado a 5 Kms del establecimiento.


En la ermita había misa todos los días, porque siempre había algún cura haciendo uso de las aguas.

En 1892, después de muchos años de declive se reconstruye el establecimiento. El nuevo propietario es D . Emilio San Martín. Se construye una nueva fonda. Un edificio para los baños generales, con una alberca circular de dos y medio en cada en cada departamento. Un gabinete de duchas y pulverizaciones en una nueva planta. Se encarga un nuevo análisis del agua y un folleto publicitario de varias hojas, de gran difusión.

En el nuevo edificio : una alberca circular de piedra con capacidad para 14 personas en el departamento de mujeres

Alberca en la parte de los hombres con capacidad para 16

El tercer compartimento había pilas de azulejos para baños individuales (fríos, templados y calientes). También había baños de asiento o semicupios e inyecciones vaginales.

En otra habitación había pulverizaciones de ojos, oídos, nariz y garganta.

Las comunicaciones eran muy rudimentarias. Podían venir en tren hasta Riofrío y a caballo hasta el hostal.

En 1.907 una tremenda tormenta caída en la sierra de En medio arrastra todo lo que encuentra a su paso. El hijo del propietario muere en esa tormenta, quedando atrapado entre el barro. También murió el Alcalde de Vélez Málaga D. Francisco Mendal Igualada, que llevaba unos días tomando las aguas.

Esta es la breve historia de lo que pudo haber sido un gran balneario y no fue por culpa de las autoridades nacionales y provinciales, que tenían abandonada la zona de Periana, donde ni siquiera había caminos, por culpa de la desidia del Ayuntamiento de Periana, que olvidó sus obligaciones de administrador de un bien común; y por último , como consecuencia de lo anterior, del ansia de rapiña de algunas de las personas que estuvieron encargadas de su mantenimiento.

Francisco Santos Arrabal. Isla de Arriarán. Número 18. Málaga . Diciembre de 2001.
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