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La Virgencita

La Virgencita

¡Que bonita es! comentaba la gente del pueblo cuando la veían pasar, ¡guapa, se parece a la Virgen que esta en el alta!, ni los piropos, hacía ruborizar sus mejillas su rostro tan blanco como el mármol contrasta con el verdor de sus ojos.

Pocos años pasaron y la muerte llamó a la virgencita, todo los vecinos comentaron su fallecimiento y lo publicaron a los cuatro vientos. El cortejo fúnebre caminaba por las calles del pueblo, todos de negro y aquella cajita blanca rumbo a campo santo, llanto, lamento y... que solo quedan los muertos.

Madre y familiares en su dolor, visitaban a la niña en el cementerio, unas lágrimas, alguna oración y hasta mañana. Los días se vuelven semanas y las semanas meses y esa madre llorando a píe de tumba a compaña en la soledad a su hija, un día al limpiar la tumba no comprende lo que ve y corre, grita ¿qué pasa?

Todo el pueblo se agolpa delante de la tumba, los incrédulos se frotan los ojos creyendo que es una visión, los filósofos intentan buscar alguna respuesta sin explicación y las más beatas se arrodillan, unas rezando y otras gritan ¡milagro! ¡milagro!.

Desde aquel día siempre la virgencita estaba acompañada, flores, velas, rezos... la madre aquella tarde no quería marcharse, presentía que era el última oración en aquella tumba, en el hueco de la noche abrieron la tumba y desapareció.

¿Quiénes se la llevaron? ¿Dónde está? Nadie sabe nada, una madre desesperada corre por las calles buscando a su hija. Si te la encuentras dile tú donde esta.

“En el cielo jugando con los ángeles, esperando el beso de mamá”.